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Esteban no necesita hablar, su lenguaje es el amor


Desde que llegó hace 21 años a la familia Hernández Serna, Esteban se convirtió en el corazón del hogar. Sin importar la situación especial con la que nació, sus padres lo acogieron como su más grande tesoro y lo llenaron de amor, ese mismo que él, sin necesidad de pronunciar palabra, les devuelve con una mirada, una caricia y mil abrazos.

“Mi hijo es mi mayor bendición, es mi compañerito de vida, con él he aprendido mucho más de lo que le podemos enseñar. Al principio no fue fácil aceptar que pudiésemos tener un niño con una condición diferente, pero gracias a Dios, aunque tiene muchas dificultades en unas cosas, se ha desarrollado muy bien en otras y eso ha sido un orgullo para mí”, manifestó Liliana Serna, madre de Esteban.

Un duro del PAD

Entre las muchas cualidades que Esteban ha desarrollado en poco más de dos décadas de existencia, está el aspecto social, solo necesita de un par de minutos para que a su manera esté interactuando y demostrando su afecto a aquellos que acaba de conocer, y fue quizá esa virtud la que lo tiene ubicado como uno de los integrantes líderes y más activos del Programa de Atención a la Discapacidad, PAD, al que llegó cuando tenía 18 años.

Desde entonces hace parte de los talleres de Arte y Música, donde no solo ha mejorado la comunicación con sus semejantes, también ha afianzado su motricidad, a tal punto que sus padres han descubierto en él habilidades que anteriormente no había dado a conocer.

“El taller de Artes le ha ayudado muchísimo en la parte motriz, se le ha visto el desarrollo, ha pintado varios cuadros, no sabíamos que tenía esa habilidad y eso ha sido una sorpresa muy gratificante para nosotros como papás. Y en música también ha sido maravilloso porque los profesores son muy profesionales y saben cómo guiarlos y ubicarlos. Esteban ya ha participado en varios conciertos, y verlo cómo toca la percusión, cómo toca las notas en el piano, es algo inimaginable”, acotó la mamá.

Ejemplo de superación

Luego del nacimiento de Esteban, segundo hijo de José Fernando y Liliana, todo era felicidad, no solo para ellos sino para Daniela, quien ya tenía el hermanito que tanto había anhelado. Sin embargo, no todo fue color de rosa, Dios le da las más duras batallas a sus mejores guerreros, y sin duda alguna la familia Hernández Serna estaba destinada a hacer parte de este selecto grupo.

Cuando nuestro protagonista, amigo incondicional de Tato, un hermoso perro labrador que se convirtió en su confidente, y con quien diariamente sale a caminar las calle del barrio Bombay 3 de Dosquebradas, cumplió dos años de vida, los padres empezaron a notar que su lenguaje era muy limitado para la edad. De inmediato lo llevaron al médico y empezaron los controles en fonoaudiología y neurología, pero su sonrisa jamás se esfumó, convirtiéndose en la fuerza necesaria para seguir adelante.

“Al inicio fue muy complicado, aunque estuvo escolarizado y ha tenido una socialización excelente desde muy niño, el lenguaje siempre se le ha tornado difícil, y en la parte cognitiva él no pudo lograr mucho porque no alcanzó a alfabetizarse, no sabe leer ni escribir, no lo pudo lograr”, indicó Liliana.

Sin embargo, y contrario a lo que la mayoría de seres humanos piensan, Esteban hasta el momento no ha necesitado de un lápiz y un cuaderno, pues el amor ha sido su mejor y más efectivo medio de comunicación, eso que a muchos nos hace falta, a él le sobra y lo entrega día a día a quienes lo rodean.

Sin imposibles

Es tan grande su deseo de superación, que hace poco logró estar de nuevo en tarima con el taller de música del Programa de Atención a la Discapacidad, pero esta vez dejó sus tambores a un lado, y contra todo pronóstico, sin importar sus limitaciones de lenguaje, hizo parte del gran coro, se robó el show, cantó como el más grande de los tenores, sin tenerle que demostrar nada a nadie, como solo lo saben hacer los seres de corazón puro.

“A pesar de su dificultad en el lenguaje, Esteban canta, y eso es sorprendente no solo para los profesores sino para nosotros como papás y como familia. Desde que hace parte del PAD ha mejorado mucho en la parte social gracias a la compañía de los amigos y a la asesoría de los profesionales. En las actividades ha sido excelente, por ejemplo en el deporte se le ha visto mucho avance, practica fútbol, balón-mano, voleibol, y sobre todo natación, le encanta y en eso ha avanzado muchísimo”.

El futuro

De la mano de Esteban, sus compañeritos y las otras mamitas, Liliana viene construyendo un sueño que desea hacerlo realidad, un café libro donde no solo se pueda degustar el principal producto de exportación de los colombianos, sino que se convierta en un templo de la buena y sana lectura, atendido por jóvenes con alguna discapacidad, pero con cientos de capacidades.

“Se sabe que algún día vamos a salir del PAD por la edad de Esteban o por diferentes situaciones, entonces estoy pensando en montar un negocio con él aprovechando su capacidad de socialización, su don de servicio, las múltiples cualidades que tiene, que se sienta útil y parte de esta sociedad”, concluyó Liliana Serna, madre del gran Esteban.